Un día los muertos resucitaron… bueno, más o menos.

Parecería que el ser humano siempre ha encontrado una fascinación por romper las barreras, ir a donde nadie más ha ido, alcanzar lo que nadie más ha obtenido, lograr lo que se consideraba imposible, etcétera. A este arrebato motivacional podríamos llamarlo curiosidad, espíritu conquistador, ambición o soberbia. Lo cierto es que grandes adelantos tecnológicos y en otras áreas, se han logrado gracias a esta necesidad humana de descubrimiento. Uno de los temas que más ha obsesionado al ser humano es el de la inmortalidad. Por más ambicioso que este tema nos parezca, los avances científicos y médicos han hecho que la longevidad del ser humano cada vez sea mayor, sin embargo, el tema de este texto no es en el terreno de la medicina o biología, sino en el campo audiovisual, donde en cierta forma se están dando grandes pasos para encontrar el “santo grial”.

Los más recientes adelantos en gráficos animados generados por computadora, han hecho posibles películas que en el guión parecían imposibles y este tipo de recursos han estado en constante evolución lo que ha permitido crear mundos y recrear algunos otros. En los últimos años hemos visto esfuerzos en lograr los gráficos más realistas para que paradójicamente no se note una manipulación de la realidad, es decir, los mejores efectos visuales han sido los que pasan desapercibidos. Es así como desde hace algunos años el cine se ha enfocado en recrear personajes de la historia e incorporarlos en las producciones, pero aún más allá, ya no solo basta con recrear a un personaje, sino que ahora se debe hacer todo para conseguir lo que estipula el guión o lo que demande la historia, aún cuando esto signifique vencer a la muerte. Es así como hemos visto que la película “El Cuervo” de 1994, puede ser terminada a pesar de la muerte de su protagonista Brandon Lee durante la filmación, caso similar y mucho más recientes con Paul Walker y la producción de “The Fast and the Furious 7” en el 2015, caso que se puede apreciar con mucho mayor detalle de su ejecución en el siguiente link:

Pero es “Rogue One: A Star Wars Story” del 2016 lo que reactiva la controversia sobre estas técnicas; al incorporar al elenco a un Peter Cushing post-mortem y la actuación de una Carrie Fisher de 19 años.

Caso “Rogue One”

Derivado de las particularidades del guión de Star Wars, con sus secuelas, precuelas e intercuelas (si se me permite el neologismo), la producción enfrentó muchos retos técnicos y narrativos para poder seguir explotando dicha historia complasciendo al mayor número de fans. Rogue One, no es propiamente parte de la corriente narrativa principal de esta historia, sino que la catalogan como un spin-off surgido de la teoría de lo que pudo haber sucedido entre la historia de la trilogía de precuelas en el episodio 1, 2 y 3; y la trilogía original de los episodios 4, 5 y 6. Específicamente entre “Episode 3: The Revenge of the Sith” y “A New Hope”, el episodio 4 de la trilogía original. Debido a la complejidad cronológica entre la producción de las películas, se tuvieron que resolver digitalmente la aparición de algunos personajes, es por esto que se optó por montar el rostro digital de Peter Cushing sobre la intervención de otro actor (el británico Guy Henry) para poder tener la continuidad en la historia y mostrar al legendario Grand Moff Tarkin, comandante de La Estrella de la Muerte, a pesar de la muerte de Cushing hace dos décadas. Pero éste no fue el único caso de intervención digital que hubo en esta producción, el otro célebre caso fue el de la participación de la Princesa Leia, líder de la rebelión, que según los fines de la historia debería aparentar 19 años de edad, aún cuando quien la personificaba era Carrie Fisher quien tenía 59 años en el momento del estreno de la película, no profundizaré en cómo técnicamente fue logrado esto ya que el punto que quiero explicar va más allá de eso, sin embargo aquí unos videos que lo ilustran a la perfección:

El caso de Carrie Fisher y Peter Cushing en Rogue One no son los primeros, este recurso ya se había implementado antes en la publicidad en el caso del anuncio de las palomitas “Orville Redenbacher” donde el propio señor Redenbacher es “resucitado” para aparecer en el comercial:

También está el caso de la marca de chocolate “Dove” que trajo de vuelta a una joven Audrey Hepburn para que apareciera en un spot:

En el terreno musical uno de los casos que se podría asemejar a esto, fue la presentación de Tupac Shakur en el festival “Coachella” del 2012, aún cuando el artista falleció en 1996 en un tiroteo, y gracias a un holograma no solo pudo “presentarse” sino también hacer un dueto con Snoop Dogg como se puede ver en el siguiente link:

Pero ¿cuál es el punto de controversia de esto? Las implicaciones que pudieran tener son muy variadas.

En enero de 2017 El País publicó un artículo, escrito por Rocío Ayuso (https://elpais.com/cultura/2017/01/20/actualidad/1484908608_174550.html), donde la autora comentaba que ante esta tendencia diversos actores, o sus familiares, entre ellos el fallecido Robin Williams; habían decidido proteger los derechos de explotación de su imagen por muchos años, incluso después de su muerte, para evitar que pudieran ser aprovechados de alguna manera que en su tiempo no pudieran haber previsto. Quizás esto hace algunos años podría parecer un disparate, o podrían referirse únicamente a las regalías generadas por su trabajo realizado, pero quizás ahora las clausulas de los contratos cada vez más tengan estipulado la tarifa de honorarios por protagonizar o aparecer en alguna producción futura, aún después de fallecido.

Pero si se me permite, quisiera ir más allá con mi pronóstico. Una cosa es que una celebridad aparezca en unas escenas o protagonice una película, como si fuera un personaje más generado por computadora. Pero ¿sería posible, que esa misma celebridad pueda ser entrevistada, recibir un premio, hacer una gira promocional y dar su opinión sobre temas de interés de la actualidad, todo esto de manera post-mortem?

Eternidad Aumentada:

Una de las series con más éxito actualmente es la muy célebre “Black Mirror” de Netflix; donde diferentes teorías de un futuro distópico, teorías de singularidad tecnológica y nuestra relación con la tecnología, son llevadas a la luz, en forma de historias que nos presentan el “¿qué pasaría si….?” El segundo capítulo de la temporada 2 de la serie, titulado “Be right back” que data del 2013, nos plantea que lo que expuse en el párrafo anterior, quizá sea posible.

Este capítulo es un ejemplo al carbón de lo que, el profesor Hossein Rahnama, investigador y desarrollador de tecnología ubicua y pervasiva e inteligencia artificial; nombró Eternidad Aumentada. En su estudio realizado en conjunto con el MIT Media Lab y la Universidad Ryerson de Toronto (https://www.media.mit.edu/projects/augmented-eternity/overview/) explica en qué consiste la Eternidad Aumentada, ésta se refiere a la capacidad que tendrán los sistemas de inteligencia artificial, para ser alimentados con la información generada por un individuo a través de toda su vida de interacción digital, de su huella e identidad digital construida en las redes sociales y en otras plataformas, para generar algoritmos que podrán determinar patrones de comportamiento y respuesta de un individuo específico, permitiendo que su mente sea replicada. Asimismo, que alguien pueda interactuar con la mente de la persona y que ésta, no solo pueda basarse en las experiencias vividas, sino que el sistema pueda “aprender” para que esta réplica de la consciencia del individuo, pueda generar nuevas opiniones, ideas y pueda asimilar una realidad que no fue la suya en vida.

Esto nos lleva a que si combinamos las técnicas de digitalización con la Eternidad Aumentada, quizás podríamos volver a eras doradas de las artes, donde interactúen actores de diferentes épocas, generaciones familiares enteras de actores protagonizando y promocionando una nueva producción; secuelas del Ciudadano Kane protagonizadas por el mismo “Orson Welles v2.0”. O que podamos asistir a la gira del reencuentro de “The Beatles” o “The Doors” con una rueda de prensa con John Lennon o Jim Morrison respectivamente. Según Rahnama, la Eternidad Aumentada es una realidad y él calcula que tomará de 15 a 25 años para convertirse en mainstream para el uso de individuos comunes. Por lo tanto quizás en unos años debamos incluir en los créditos de las películas una aclaración para saber si los protagonistas de un proyecto son su versión de carne y hueso, o una réplica digital que inclusive actúe, cante o sea mejor en su campo que la celebridad “original”. Quizá con esto ya empezaremos a creerles a Horacio Ferrer y a Astor Piazzolla con lo que advertían en su tango “Preludio para el año 3001”.

 

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